Llegué a tener un puntaje de crédito de 489, sin ahorros, sin un colchón financiero y sintiendo que, por más que trabajara, no lograba avanzar. Estaba cansado de que me negaran apartamentos, de que financiar un carro se convirtiera en un problema y de que, cuando finalmente alguien me decía que sí, fuera a cambio de intereses de hasta 28%. Ahí entendí que trabajar duro no era el problema; el problema era que nadie me había enseñado cómo funcionaba el dinero. Así que fui en busca de respuestas. Fui a la universidad, tomé cursos, compré entrenamientos y gasté miles de dólares tratando de aprender. Pero después de todo ese tiempo, esfuerzo y dinero, me di cuenta de algo que me cambió la vida: nadie me había enseñado cómo funciona realmente el crédito, cómo prepararme financieramente, cómo construir una relación con los bancos o cómo utilizar el crédito como una herramienta para crear oportunidades. Me habían enseñado muchas cosas, pero nadie me había enseñado las reglas del dinero que podían cambiar mi futuro.